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POR SU GRAN AMOR, SE HA QUEDADO ENTRE NOSOTROS, MIENTRAS NOS PREPARA UN HOGAR DE PLENA FELICIDAD.

¡Sorprendente Dios uno y trino! habiéndonos preparado un mundo maravilloso, ante nuestra falta nos prepara también un Plan de Salvación, prepara también una eterna morada de felicidad y nos prepara cada día llenándolo de gracia, bendición y también de su presencia Eucarística.

Como recordaba el Papa Francisco durante la celebración de Corpus Christi el 3 de junio de 2018, en la Iglesia de Santa Mónica, cuyo evangelio centra la atención en los preparativos para la Cena de Pascua y repite varias veces el verbo “preparar”. Los discípulos preguntan, por ejemplo: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la Cena de Pascua?» (Mc 14,12). Jesús los envía a prepararla dándoles indicaciones precisas y ellos encuentran «una habitación grande, acondicionada y dispuesta» (v. 15). Y aunque los discípulos se encaminan a preparar, el Señor ya había “preparado” todo.

También, después de la Resurrección, cuando Jesús se aparece por tercera vez a los discípulos mientras pescan, Él los espera en la orilla donde les prepara pan y pescado. Ahí podemos ver como Jesús, en definitiva, siempre ha pensado para nosotros en un lugar digno como el de la «habitación grande acondicionada» del Evangelio. Es nuestra casa aquí abajo, amplia y espaciosa, la Iglesia, donde hay y debe haber un lugar para todos. Y al mismo tiempo, nos ha reservado también un lugar arriba, en el Paraíso, para estar con Él y entre nosotros para siempre. Además del lugar nos prepara un Alimento, un pan que es él mismo: «Tomad, esto es mi cuerpo» (Mc 14,22). Estos dos dones, el lugar y el alimento, son los que nos sirve para vivir. Son la comida y el alojamiento definitivos. Ambos se nos dan en la Eucaristía, alimento y lugar.

Así como a los discípulos, Jesús nos pide hoy preparar y como ellos le preguntamos: «Señor, ¿dónde quieres que vayamos a preparar?». Jesús no prefiere lugares exclusivos y excluyentes; al contrario, busca espacios que no han sido alcanzados por el amor, ni tocados por la esperanza. A esos lugares incómodos desea ir y nos pide a nosotros realizar para él los preparativos. Cuántas personas carecen de un lugar digno para vivir y del alimento para comer. Todos conocemos a personas solas, que sufren y que están necesitadas: son sagrarios abandonados. Nosotros, que recibimos de Jesús comida y alojamiento, estamos aquí para preparar un lugar y un alimento a estos hermanos más débiles. Él se ha hecho pan partido para nosotros; nos pide que nos demos a los demás, que no vivamos más para nosotros mismos, sino el uno para el otro. Así se vive eucarísticamente: derramando en el mundo el amor que brota de la carne del Señor. La Eucaristía en la vida se traduce pasando del yo al tú.

Por ello, encaminándonos al Congreso Eucarístico Nacional, hacemos esta reflexión que nos invita a amar más a Jesús y a reconocerlo en la forma Eucarística para que: “Alimentándonos de Él, para que podamos preparar el Reino de Dios mediante una vida que salga de nuestra comodidad y se dirija al servicio a los necesitados y alejados de Dios”.

 

Por Susana Morales. Academia San Juan Diego, Mayo 2019