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DIOS SE QUEDA Y SE DA EN LA EUCARISTÍA (Testimonio)

Testimonio:

En los avisos parroquiales de la iglesia de Itzimná me enteré de que abrirían ahí una capilla de Adoración Perpetua al Santísimo. La inspiración para asistir fue inmediata, pude sentir de manera personal esa invitación para anotarme y asistir. Así que, al salir, tomé la hoja de inscripción y la llené, cabe mencionar que la adoración consistía en estar una hora a la semana en la capilla del Santísimo acompañándolo; mi horario de trabajo siempre ha sido un poco difícil, de tal forma que la opción para no fallar a la adoración era tomar el turno de madrugada, así lo hice y empezó éste camino de visitar al Señor cada semana, al principio no sabía que decir, de tal forma que optaba por hacer una lectura espiritual, o rezaba el santo Rosario, o simplemente me quedaba mirando. He de confesar que no siempre es fácil en este horario dejar la cama para vestirse y salir de casa interrumpiendo el sueño, en ocasiones es una parte difícil, pero me tomé la tarea de ofrecer esas salidas por las necesidades de alguna persona o alguna otra situación, esto para que el levantarse tuviera más sentido.

Un día mi hija mayor, Paulina con 7 años de edad, empezó a tener problemas de salud, fueron tan importantes estos problemas que tuvimos que ingresarla a terapia intensiva, la operaron y regresó a terapia intensiva, en menos de una semana su situación ya era grave, fue cuando más recurrimos a la oración del santo Rosario y por supuesto a la adoración al Santísimo. Asistíamos mi esposa y yo con mucho fervor y le pedíamos que nos concediera la salud de nuestra hija.

Se hicieron cadenas de oración de parte de nuestros familiares, amigos y conocidos. Mucha gente se solidarizó y unió en oración por nosotros y nuestra hija. En los momentos que salíamos del hospital para bañarnos y descansar un poco, pasábamos por la capilla del Santísimo y hacíamos un momento de adoración y oración. Estábamos colgados del Señor y teníamos fe en que la sanaría.

Los días pasaron, Pau empeoró y finalmente falleció.

Con el dolor vinieron las dudas de fe, las preguntas y con las preguntas los reclamos a Dios. Los ¿por qué no…? ¿No soy digno…? Etc., etc.

Hoy, a muchos años de distancia de este acontecimiento ocurrido en mi familia, en los cuales hemos trabajado el dolor humano, pero sobre todo de seguir en la adoración continua al Santísimo, pudimos entender lo siguiente:

  1. Jesús al instituir la Eucaristía prometió que estaría con nosotros siempre, y así fue en nuestro caso. Entendimos que el hecho de que Pau haya fallecido no implica su abandono. A veces nos portamos como hijos berrinchudos, que, si no nos conceden lo que queremos, lo asociamos con abandono.
  2. Dios nos llama a todos a participar de su amor. En nuestro caso, sentimos un llamado a unirnos a su cruz y a ofrecer nuestro dolor por los sacerdotes para que sepan amar y hacer amar a Jesús Eucaristía. A ser humildes y aceptar la voluntad del Padre.

Dios no se deja ganar en generosidad, gracias a Él a pesar del dolor, nos ha fortalecido en el amor de pareja, nuestra familia está unida, emocionalmente estamos bien y, sobre todo; luchamos por estar unidos a Él que es EL AMOR, fortaleciéndonos en la fe.

Todo gracias a Él que se queda y se da a nosotros en la Eucaristía.