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LA EUCARISTÍA, FUENTE Y CULMEN DE LA VIDA ECLESIAL

Después de la Biblia, un libro que no debería faltar en todo hogar católico es el Catecismo de la Iglesia Católica (también existe el Compendio del mismo en forma de preguntas y respuestas y la versión para jóvenes conocida como Youcat). Leer diariamente el Catecismo nos da solidez doctrinal. Esta monumental obra querida y promulgada por Juan Pablo II y encabezada en su momento por el entonces Cardenal Ratzinger está plagada de citas de la Sagrada Escritura, el Magisterio de la Iglesia y los Santos Padres.

En el Catecismo se explican detalladamente los siete sacramentos. De los números 1322 al 1419 se habla de la Eucaristía: la lectura y meditación de estos textos es una magnífica preparación al Congreso Eucarístico Nacional.

En esta ocasión sólo comentaré el numeral 1324 con el que comienza el apartado titulado “La Eucaristía, fuente y culmen de la vida eclesial”. Como ya lo había dicho el Concilio Vaticano II, de la Eucaristía mana, brota, tiene su origen toda la vida de la Iglesia y al mismo tiempo todo el dinamismo eclesial debería confluir en ella. Esto lo podemos aplicar a nuestra vida y a los grupos apostólicos y parroquias: ¿La Eucaristía me mueve, me anima a vivir y a dar lo mejor de mí a los demás?, ¿mi grupo apostólico, mi parroquia, giran en torno a la Eucaristía?; en ellos, ¿qué lugar ocupa la Eucaristía? Y no sólo hay que pensar en la Misa, sino también en la Adoración Eucarística. Creo si lográramos que todos los integrantes de nuestros grupos apostólicos, equipos de servicio en las parroquias valoraran cada vez más tanto la participación constante, activa, fervorosa y entusiasta en las Misas como el dedicar aunque sea un ratito a adorar a Jesús Sacramentado lograríamos maravillas.

Al ser la Eucaristía Cristo mismo de allá la expresión del Concilio, retomada por el Catecismo, de que la Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia. Por ello en todo Congreso, Sínodo, retiro, etc. no sólo debería contemplarse un espacio para la Celebración Eucarística sino ésta debería verse como el momento culmen, central, como lo más importante de todo el evento. Es muy fácil robarle el protagonismo a Jesús pensando que nuestras estructuras humanas, la organización meticulosa pueden más que Él. Se nos olvida que es Él quien da los frutos.

Que el caminar hacia el Congreso Eucarístico Nacional nos ayude a vivir mejor nuestras Eucaristías. Dediquemos tiempo a contemplar a Jesús Sacramentado, recordando lo que enseñaba el gran santo Tomás de Aquino: la mejor teología es la que se hace de rodillas delante del Santísimo.

Por Pbro. Lic. Federico Santos Sánchez, Asesor de la Academia San Juan Diego y Párroco de Hoctún. Junio 2019