El lema del VII Congreso Eucarístico Nacional

Descripción del Lema

Mirando el horizonte vital de todo el pueblo de Dios que peregrina en México, hemos creído conveniente que el lema de nuestro Congreso sea este: “PUEBLO DE DIOS: LEVÁNTATE Y COME, EL CAMINO ES LARGO”, basado en el episodio del profeta Elías que, ante la terrible amenaza de la reina Jezabel, esposa del rey Ajab, comenzó a vivir situaciones deplorables de angustia y desesperación. Veamos el relato, que dice así:

            “Un ángel del Señor tocó al profeta Elías, que estaba durmiendo, y le dijo:

            – Levántate y come.

            Elías miró y a su cabecera vio una torta de pan cocido sobre piedras calientes junto a una jarra de agua. Comió, bebió y volvió a acostarse. Pero el ángel del Señor lo tocó de nuevo y le dijo:

            – Levántate y come, porque el camino todavía es muy largo. Elías se levantó, comió y bebió; y con la fuerza de aquella comida caminó durante cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

Este episodio es todo un relato lleno de profundo simbolismo. Leyendo todo el episodio se tiene la impresión de que el profeta Elías no medía desde el comienzo todo el alcance de su viaje. Todo empezó por una simple huida para salvar su vida de las amenazas furibundas de la perversa mujer de Ajab, la cruel Jezabel: “Elías tuvo miedo, se levantó y se fue para salvar su vida; pero la huida se convirtió después en un caminar desorientado por el desierto a la manera del autómata que marcha sin orientación correcta. Y, al final, con la aparición del ángel y la presencia de la comida y la bebida, la huida inicial y el caminar desorientado se convirtieron en una auténtica peregrinación hacia los lugares santos donde se creía que habitaba el Dios de Israel. En resumen: en el comienzo del viaje, un simple miedo; al final, toda la fuerza de la montaña santa que actuó sobre el alma del profeta a la manera de un poderoso imán.

En la vida del profeta Elías el viaje a la montaña Horeb es todo un símbolo: es la vuelta a las fuentes de la fe pura. En el Horeb el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob se había empezado a revelar bajo el nombre de “Yahvé”; el Horeb había sido el monte de las confidencias entre Moisés y Yahvé; en el Horeb se había sellado la Alianza, que está en la base de la religión judía.

El caminar de Elías a través de los reinos del Norte y del Sur primero, y luego a través del desierto, no es tanto un desplazamiento a través de una porción geográfica, cuanto un símbolo de la existencia humana, que pasa por una serie de altibajos, bien reflejados en las actitudes y sentimientos que se suceden en el ánimo del profeta Elías a lo largo del camino: miedo, tedio, hastío, hambre, desesperación, ansiedades, conciencia de culpabilidad y, al final, fortalecido con el alimento y la bebida, todo se convirtió en un caminar ilusionado y decidido hasta el monte donde Dios se le iba a revelar.

En este “hoy tenso y complejo” en el que estamos viviendo,  el encuentro con Cristo vivo, requiere que los discípulos cultiven la familiaridad con Él; de lo contrario el rostro del Señor se opaca, la misión pierde fuerza, la conversión pastoral retrocede. ¡Hay tanta dispersión interior y también exterior! Los múltiples acontecimientos, la fragmentación de la realidad, la instantaneidad y la velocidad del presente, podrían hacernos caer en la dispersión y en el vacío. En el evangelio san Marcos nos dice que Jesús invitó a sus más cercanos discípulos: «Vengan ustedes solos a un lugar deshabitado».

Estoy seguro de que en el corazón de todos los fieles (obispo, sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos, jóvenes y adultos), hay un gran deseo de llegar hacia un futuro que sólo Dios conoce y a Él le pertenece. Este Congreso debe servir para despertar, en todos, el coraje de arriesgarse junto a Dios y de volvernos una “iglesia en salida”, como tantas veces ha repetido el Papa Francisco: una iglesia samaritana, cercana al pueblo, pobre con los pobres, misionera, sinodal; en una palabra, más evangelizadora.

Descripción del Logo

La idea central del logotipo se establece a partir del lema del CEN 2019: “Pueblo de Dios: ¡Levántate y come, el camino el largo!”. Dentro del conjunto de la imagen podemos distinguir varios elementos eucarísticos y referentes al Pueblo de Dios, que se explicarán a continuación. 

 

Al centro de la imagen se encuentra un círculo que simboliza una hostia consagrada, signo de la Eucaristía que es el centro de nuestra vida cristiana. Esto se nota además por tener el monograma “JHS” que significa “Jesús Salvador de los Hombres”.

A la base de la imagen, se encuentra una figura de tonos claros, conformada por una silueta que asemeja un pan, esto significa el “pan para el camino” al cual se refiere el lema. La misma figura significa además al Pueblo de Dios, pues logran distinguirse cinco formas de personas; éstas representan a la gran asamblea expresada en sus tres vocaciones para hombres y mujeres: sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas.

De la figura del Pan-Pueblo de Dios, surge un camino en forma de sendero ascendente, mismo que se dirige precisamente al centro de la imagen, que es la Eucaristía. Se trata de un “camino largo” pero que lleva a un destino seguro y superior. El hecho de ir hacia arriba nos refiere también al cielo y al Altísimo como meta. El que sea un camino ascendente responde también al imperativo del lema que dice: ¡Levántate! Además es de color verde haciendo referencia a la esperanza cristiana propia de la Iglesia peregrina.

Detrás del signo de la Eucaristía se encuentra además una silueta en forma de cruz, signo fundamental del cristiano. Dicha cruz asemeja además una custodia, como si contuviera la hostia consagrada, refiriéndonos directamente a la adoración eucarística y a su culto. Este contorno es de color azul, asemejando el color del cielo, destino final del camino de todo creyente.

El logotipo podrá emplearse en varias modalidades, sea en su versión limpia sin texto, sea en su versión completa incluyendo el título del evento, así como con el lema inclusive. 

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